27 nov. 2016

Nena nadie te va a hacer mal, excepto amarte... Vas aquí, vas allá pero nunca te encontrarás al escaparte.


(si pudieras olvidar tu mente frente a mí, sé que tu corazón diría que sí) 
"Es preciso saber que no hay factores de riesgo, que no existe ningún perfil de mujer maltratada, que si corremos algún peligro, es por el mero hecho de ser mujeres. Puede parecer que quienes son tímidas y pasivas, quienes tienen tendencia a ser dependientes y someterse a los deseos del otro se convierten más fácilmente en víctimas. Sin embargo, no creo que las mujeres fuertes y activas estén libres del riesgo.  Porque hay individuos a los que precisamente les encanta dominar a alguien así, una mujer dotada de su propio poder, al que se verá obligada a renunciar por completo, arrancándoselo del fondo del alma y depositándolo, como sacrificio ritual, a los pies del Vencedor. El-que-pudo-con-aquella-con-la-que-no-podía-nadie. Al fin y al cabo, ¿no es todo un reto pisotear a quien a priori no se deja? ¿No es estimulante para el sádico, para el tirano enamorado de la tiranía, establecer toda una estrategia, enamorar y convencer y ganarse la confianza y luego humillar, aislar, aterrar a la amante, convertirla en la víctima inesperada? 
Convertir una relación de amor en una relación de dependencia no es tan difícil. Es sin duda un proceso lento, pero no demasiado complicado, al menos si uno se aplica a ello con paciencia, frialdad y autocontrol. Basta con que el amado le facilite la vida al otro (a la otra), con que le haga creer que todo va mucho mejor cuando él está presente y toma las riendas del los asuntos, con adelantarsele a sus deseos y necesidades. A poco que la amante se relaje, a poco que permita que su pareja empiece a tomar decisiones por ella, que le deje el campo abierto para que cubra todos los aspectos de afectividad, fingiendo que hace a la vez el papel de padre y madre, de esposo e hijo, de marido y amigo, el camino hacia la dependencia está abierto. Luego, es suficiente con ir envenenando poco a poco las relaciones con los demás, ya saben, «a tu padre no le caigo bien, tus amigas hablan mal de ti a tus espaldas, tu prima intentó seducirme...». Suficiente con ir minando la confianza de la amante en sus seres queridos y en sí misma...
La estrategia del canalla preparándolo todo para capturar a su amante, que confía en él y en el amor. Por encima de todo, en el amor. 
¿Acaso no nos han dicho siempre que el amor es lo mejor del mundo? ¿Acaso no nos han repetido miles y miles de veces -nuestras madres, nuestras amigas, pero también los libros que hemos leído, las películas que hemos visto, las canciones que hemos escuchado- que la vida no está llena si no amamos, si no encontramos al hombre adecuado al que entregárselo todo, en quien depositar todas nuestras esperanzas y nuestros proyectos vitales, matrimonio, hijos, una vida plena compartida...? Y, cuando él llega, seduciendo, engañando, la víctima le entrega ese amor total, cegador, del que tanto le han hablado, lo coloca vibrante entre sus manos, y no se da cuenta de nada mientras él levanta un muro a su alrededor, la separa de quienes la quieren bien, y luego la hace arrodillarse dentro de ese muro y agachar la cabeza ante él, golpear con la cabeza el suelo, adorándolo. A gritos, a golpes. Y él te amaba, te ama. Eso crees. Buscas explicaciones: 
«Está nervioso, las cosas no le van bien en el trabajo...». Pero él te va volviendo loca. Un día se cabrea porque el cenicero está en la parte derecha de la mesa. Entonces lo colocas a la izquierda, y de nuevo se cabrea porque está a la izquierda. Una noche te dice con enorme desprecio que estás engordando y te estás poniendo como una foca inmunda, y dos meses después te mira con cara de asco y te suelta que estás demasiado flaca. Un mediodía te pega un bofetón porque la comida no está buena, y al siguiente te lo vuelve a pegar porque no le prestas suficiente atención cuando llega y te encuentra agitada en la cocina, aterrada por complacerle... Y luego, de repente, te quiere, te ama con un amor inmenso, te pide perdón, se arrodilla ante ti, te abraza, se acuesta contigo como si fueras la única mujer en el mundo. Y vuelves a excusarle, a justificarle, a intentar ayudarle. Pero poco a poco el miedo te va dominando. Necesitas usar toda tu energía para controlar ese miedo, para tratar de mantenerlo a él tranquilo. Y por último, cuando tú ya has dejado de ser tú, acabas por culparte a ti misma:  «Tiene razón. Soy tonta, soy torpe, no sé hacer nada, no lo trato como se merece, y tal vez sea una exagerada, probablemente esto es lo normal, sí, sin duda alguna esto es lo normal...». Él, tendrá que ser él el que reaccionara  así al darse cuenta que es un monstruo. Problablemente no lo hará, por supuesto, pero tendría que ser él el que no pudiera mirarse al espejo, el que tuviera que salir a la calle acompañado por un terapeuta, muerto de miedo de sí mismo y de vergüenza por su vileza.
¿Por qué razón ellos no suelen avergonzarse de sí mismos? ¿Quién les ha metido en la cabeza que una mujer -nada más y nada menos que una mujer- es alguien a dominar, controlar, a someter? ¿De dónde han sacado que la relación de pareja es una relación de poder  y que ese poder se obtiene mediante la agresividad y la fuerza física? Ideas anormales que sin embargo se han prendido en millones de hombres a lo largo de la historia: controlar el cuerpo de la mujer a gritos y puñetazos, convertirla en la esclava o, aún peor, en un mero objeto que tan sólo obedece y gime. 
Todos esos muertos-de-miedo, todos esos cobardes han reaccionado frente a su propio pavor ante esa superioridad natural recurriendo a la violencia para mantener el cuerpo libre y peligroso de la mujer bajo control." 

26 nov. 2016

«Así querían a las mujeres: inocentes, ignorantes, vírgenes, sin novios, sin nada que contar.»

26 jul. 2016

NO ME LLAMES, NO ME ESCRIBAS, NO PIDAS PERDÓN, LO NUESTRO TERMINÓ HACE RATO.
Cada dolor tiene un nombre y yo quiero conocer el tuyo, sé que al final de los tiempos me vas a doler. 
Nunca tuvimos testigos, no tenemos ni una foto juntos... 

Cada historia tiene un dónde y yo quiero recordarlo siempre, algo de eso que sentimos me quiero llevar. 

21 jul. 2016

No me des permiso, no me adviertas no poder con tus compromisos y tu ayer, no nos conocemos tanto, no hemos compartido todo, ni siquiera tenemos amigos en común.
Para enamorarme no necesito tu consentimiento, dame un solo beso que dure más que una mentira.
Nena, algo me intriga mucho, de eso presumo saber y si acaso curtimos sé que nos vamos a entender.
Quizá esto se me pase mañana porque así no es el amor... ya lo sé.

16 jul. 2016

Hablándote y hablándote tras mis palabras me oculté. Mintiéndote, envolviéndote de a poco te empaqueté. Me maquillé, me perfumé, una careta te mostré... Hablándote y hablándote 
Hablándote y hablándote, te protegí y te casé. No asumí que fracasé y pronto me victimicé... Ya no confiás, no tenés fe. Si había amor lo profané. Cuidándome, cuidándote el corazón, no sé... Ya no se ve... 
Y ahora que hace frío y el alma llora quiero conectarme y ya no querés. Todo ese dolor quedó en tu programa y yo sé que hay algo nuevo que nos hará bien... 
Hablándote y hablándote oscurecí cuando aclaré. Me defendí, justifiqué, con mucha calle te enrosqué. Mariconee, manupulé, no te enfrenté... Igual choqué, retrocedí, me acobardé. 
Hablando pero callándome, otra vez te ilusioné. Futuree, te esperancé, hasta aturdirme me callé. No fui sincero y lo pagué llorando y recordándote. Cuidándome, mintiéndote, si había amor no sé... Ya no se ve... 

2 feb. 2016

Tendré que hacerte bien y tendrás que hacerme daño, y no olvides que el perdón es lo divino y errar a veces suele ser humano.