2 jun. 2015

Acudí a tu auxilio de forma inmediata. "¿Hola, qué tal?", tu sonrisa y perdí por goleadaTe apoderaste al instante de mi ocio y al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio. 
Una ráfaga de balas seductoras no lograban vulnerar una coraza idiota y con mi seguridad ya en la miseria, f
uimos por un café, juntos, los tres: Vos, yo y tu histeria. 
Sin mucho más que hablar, nos despedimos, comprobé que ya era inútil extender ese partido. Colgué los timbo y bajé la persiana, sin embargo, tu autoestima cascoteó mi ventana. 
Sugerías necesitar mi delirio. 

Empezó a inquietarte mi nueva conducta, pero caí derrotada por tus brotes de astucia. 

¿Quién dijo que no se puede combinar i
nconstancia, inconciencia y lealtad? ¿Que es imposible dar un paseo un día a tu cielo, un día a mi infierno? 

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